lunes 11 de agosto de 2008

maniqui

Moving units- The Secret Society

8 y media de la mañana. Nos sentamos en una terraza con el suelo empedrado bajo nosotros, y parece que estemos en la judería, tostándonos como lagartijas soñadoras. Humedad del 18%. Cielo despejado. Pasa un chico de unos 25 años con traje y corbata, y es como si hubiera pasado un ángel. Me quedo mirando por si vuelve a por mí, pero ya se ha ido.
- Ha pasado un ángel- le digo a Meri, y ella se rie. Y yo también. Qué le vamos a hacer...
Nos traen tres cafés que saben a rata muerta, pero nosotras nos los bebemos gustosas. Mientras tanto, y para pasar el mal trago, se me ocurre llamar Chewaca a Cuervo (la llamamos Cuervo porque cuando se ríe es temible). A ella no le gusta, pero las tres nos reímos.
- ¿Nos vamos simpa?- pregunta Meri.
- Si, pero espera que pague- dice Chewaca, la muy ingenua.

*simpa: abreviación post-romántica de "sin pagar".

martes 29 de julio de 2008

resacas

Día II:
En esta casa no hay café, ni una pizquita. Eso sí, hay una cafetera perfectamente colocada en la esquina derecha de la encimera. Pienso en salir a tomar un café por ahí, pero enseguida se me quitan las ganas porque en este pueblo parece que quieren romperme los tobillos con tanta cuesta. Además, no conozco mucho la zona y seguramente me perdería. Así que espero a que se levanten todos mientras me tomo un triste vaso de leche triste.
Pero parece que la gente aquí, además de no desayunar, no come. Llegan las 3 del mediodía y nadie aparece. Empiezo a preocuparme. ¿Estarán hibernando? Puede que se hayan convertido en osos durante la noche, lo que no me extrañaría en el caso de Alí, pero en mi habitación se oye todo y hubiera escuchado sus gruñidos.
Intento dormir pero el cerebro me late como un corazón auxiliar, y me es imposible entre tanto bum bum. Leo El jugador, de Dostoievski, y me entran ganas de llorar porque el libro se me acaba y porque me parezco tanto a Polina que da miedo.
Sobre las 6 se levantan D y Alí (Meri está trabajando), y nos vamos a tomar un café a un sitio que tiene el aire acondicionado a tope. Me entran escalofríos y pienso que me moriré allí mismo de frío, como en una trinchera en la ciudad. Tengo ceniza en la rodilla, desgraciadamente me doy cuenta demasiado tarde, porque Alí se ha dispuesto a quitármela, riéndose. Pero yo no me río. Que no vuelva a hacer eso, pienso.
Meri llega sobre las 11 y media de la noche. Ella es puta y es preciosa, pero a tiempo parcial, el resto del tiempo lo dedica a recoger piedras con su sombrero. Cenamos crêpes en la cocina. Nos arreglamos (porque estábamos rotos, claro) y salimos.
El resto de la noche la pasamos bebiendo y fumando, a ratos me enamoro de algún chico que pasa y no me mira. Pero de repente lo veo a él, me mira y me esquiva, paso por detrás de él y le acaricio la espalda con los dedos. Y en ese momento me quiero enamorar de su cuello. Y me lo aprendo de memoria.

lunes 21 de julio de 2008

nostalgia de ti

Leo a Dostoievski y me muerdo las ganas de buscarte

viernes 30 de mayo de 2008

nostalgia de mi

domingo 20 de abril de 2008

otro de sus juegos

Cuando éramos pequeñas, descubrimos que habían besos en los que las lenguas se enjuagaban entre ellas con la saliva jabonosa. Ella, que era mayor que yo, quiso entonces probarlo conmigo. Por aquel entonces, yo debía ser para ella una especie en cautividad de ratoncito de laboratorio. Lo hicimos, juntamos nuestras lenguas en un tiempo tan breve, y aquello me dio tanto asco, que ella me perseguía por toda la casa enseñándome la lengua y aterrorizándome con ella.
Más tarde llegaron los primeros amores, y ella llorando en la cama de al lado mientras yo me hacía la dormida. Podría haberla consolado, pero no lo hice. Semanas después se fue de casa, y aún me recuerdo en la entrada de casa, quieta y callada, mientras ella se iba sin decir adiós.

Julio de la Rosa - El monstruo nunca duerme.mp3

lunes 7 de abril de 2008

33

Hoy me comí una manzana que sabía a pera. Cuando me la acabe, con los labios aún jugosos, pensé que, o bien mi lengua se había equivocado (que a todos les puede pasar, oye), o es que había alterado la realidad, y ahora vivía en una realidad en la que las manzanas sabían a pera, y supongo, las peras sabrían a manzana. Si no fuera así, habría sido peor, puesto que ya no sabríamos que fruta tendría el sabor de la manzana y sería bastante caótico. Eso sin pensar que quizá había alterado el sabor de todas las frutas. O quizá había ido más allá y toda la realidad estaba patas arriba por mi culpa.
Y me derrumbé frente a la televisión agobiada por la responsabilidad.

viernes 4 de abril de 2008

mi madre es surrealista

Llega toda emocionada a casa mientras yo me termino el café y me enseña un pequeño papelito que cubre tres pastillitas de sacarina. Lo primero que pienso es que se ha vuelto adicta y ya tiene su dosis diaria. Luego empiezo a preguntarme de dónde las habrá sacado. Tráfico de edulcorantes, me temo.

miércoles 26 de marzo de 2008

cuatro gotas

Los niños de mi calle nunca habían visto llover.
La lluvia chisporroteaba
con sus goterones cuajados
y parecía que la calle
iba a inundarse de un momento a otro.
Llovió todo de golpe,
todo de una vez,
y los elefantes
nadaban extrañados de sus propios pies,
que se movían al compás
de las olas invisibles.
La noche había sido violeta.
Dos caminábamos delante y dos detrás.
Yo ya no sabía
si estaba borracha
o
es que quería llegar a casa
para quitarme las botas
(y escuchar für Alina
y leer a Lolo).
Y dormirme mientras la noche nos engañaba.
Cantábamos Serenade
y nadie nos escuchaba,
nuestros alaridos eran seres
deformes que nadie entendía
y que ellos
(ellos)
se limitaban a ignorar.
Él me cogía de la cintura
una y otra vez.
Yo preparaba el brazo
para darle una buena paliza
a su estómago,
pero las neuronas se me derramaban
de camino.

Tulsa - La Golue.mp3
Tulsa - Solo Me Has Rozado.mp3
Cranes - Comme je suis libre.mp3

martes 4 de marzo de 2008

quiere la luna

Ella mira a través del obturador como si mirara con sus propias retinas, incandescentes porque llevan toda la noche en vela. Mira y mira, no busca nada, pues las imágenes fluyen solas, solitarias, sin que nada las frene. Parece que ya se hubieran grabado en otros ojos, en otro tiempo que no es diferente a este. Otros ojos que si podrían ser diferentes pero que no lo son, siempre los mismos, que escrutan con su vidrio como si quisieran robar lo que ven. Lo roban, de hecho, porque nunca mas volverá a repetirse esa imagen ni ese momento, ni siquiera esos ojos que son los mismos.

miércoles 20 de febrero de 2008

La ladrona (Parte III)

Ella tiene un libro por amante. Por las noches se revuelcan gozosos entre las sabanas frías para despegar algo de calor de entre ellas. Ya es primavera en su ventana, pero la cama siempre ha sido algo más tardona. Parece que le gustara recrearse en el frío sol de invierno.
Por las mañanas se levanta como un fantasma, en esa neblina dulce del despertar adormilado. No soporta el ruido durante los 30 minutos siguientes, la asusta y la enfurece a ratos. Su cerebro no es capaz de reaccionar, y todo el que le hable parece que lo hiciera a gritos, un estruendo insoportable para los tímpanos aun dormidos. Se toma un café y un cigarrillo, y parece que le entrasen ganas de vomitar.
Ella se pasa el día bailando. Por las mañanas baila simulando que camina. Y por las noches baila en un club nocturno. Baila como si se mordiera las entrañas en cada ronroneo de la música. Baila con tal sentimiento que las lágrimas se le escapan a veces de los ojos tiernos. Ella no les impide que salgan, pues el destino de las gotas salinas es ya aplastarse contra el parque encerado, pisoteado por el tiempo y los taconazos que la bailaora le propina con tanta dulzura como crueldad. Una especie de masoquismo dulce, tanto para la madera como para ella. Una simbiosis única de dolor y pasión.
Gracias a sus noches pudo elegir la primera victima sin casi esfuerzo. Llevaba los labios pintados de rojo y parecía un símil afectado de cualquier enfermedad. Y así consiguió (sin entenderlo) que el señor la invitara a ron y le hablara sobre las variables temporales de los algoritmos neperianos, de la soledad y de la autoflagelación del corazón.
Él era un señor triste, todo él lo era. Incluso follar con él fue algo tan triste…

Amiina - Boga.mp3

viernes 25 de enero de 2008

La cama (Parte II)

Caminaba como quien no quiere pisar el suelo por miedo a romperlo (aun no sabe que ella no lo rompería ni aunque saltase encima de él con pesas en los hombros). Tampoco sabe aun que las calles la miran con sus ojillos arrugados, la siguen trazando un mapa imprevisible, incluso se dan codazos entre ellas por verla pasar despacio, en cámara lenta, y a veces en blanco y negro. Iba a su casa como quien vuelve del exilio, cabizbaja y temerosa de lo que allí se encontraría. Al fin y al cabo, había sido una semana de una huida que ella creía necesaria, no podía volver así como así después de todo. En el fondo también sentía miedo, era la primera vez.
Su casa era una vieja ruina en llamas. El fuego crujía adentro de las maderas y las telas, despedazándolas en añicos con sus tiras calientes, a pesar de no haber fuego alguno, al menos no uno visible. Era invierno y el sol ya quemaba en las persianas, parecía que quería derretirlas para entrar más a fondo en las habitaciones. Todo estaba como ella lo había dejado, no había policías ni aquel señor reclamando lo que era suyo, quizás el señor no se había dado cuenta de su pequeña travesura.
La cama sin hacer. Hace días que decidió dejarla así. Por pereza o desgana o simplemente porque si. Porque no hay motivo o porque el orden es la mas detestable forma de ordenar una vida. Las vidas son así, desordenadas en su perfecto caos alado. El orden es como un angelito con cara traviesa, se aferra a las pieles humanas con las uñas fuertes pero sin hacerse notar.
Yacía revuelta y enfurruñada (a ella le encanta esa palabra, es como un bebe que chilla con su pulmones pequeñitos). La mira y le da pena verla tan desnuda, estremeciéndose en un frufrú casi imperceptible, sus pequeñitos huesos inexistentes temblando.


Modest Mouse - March into the sea.mp3
Vermillion Lies - Shark serenade.mp3

viernes 11 de enero de 2008

él, sin duda

Suena un tango
mientras nosotros cerramos los ojos,
sueña entre violines con pájaros tristes
que escapan de nuestra mirada cerrada y boquiabierta

sueña un tango triste y mudo,
casi tartamudo por los jirones de las palabras
que yacen escondidas y revueltas,
casi enfadadas por no servir

ya no son necesarias ni al hablar
pues estamos en silencio
con nuestras manos blancas y la sonrisa aniñada,
son ya meros engaños sonoros,
simples travesuras en unos labios dibujados.

miércoles 9 de enero de 2008

La señorita pelo de paja (Parte I)

Hay pelo que bien podría ser paja, lacia y amarilla, con ramitas que se escapan rebeldes de su sitio. Pelo que haría de sus dueños espantapájaros urbanos, con un cuerpo que no es de paja, y por tanto, serian espantapájaros de mentirijilla. Podrías ver a todo un señor espantapájaros mientras este de espaldas, pero en cuanto se de la vuelta se descubrirá el pastel. Solo tiene el pelo de paja, lacio y amarillo, y con ramitas. Aunque también podría pasar que el espantapájaros se escondiera bajo una apariencia humana, con ropa y gabardina, ocultando su piel a trizas. Esto sería difícil de comprobar, claro está, porque no vas a ir mirando por debajo de la ropa de todos los señores pelo paja que te encuentres.
A nuestra señorita le ocurría algo parecido. De espaldas podría parecer todo una señora espantapájaros, pero tan solo era una señorita con un nido de paja por pelo. No creo que en su interior guardara las briznas de su presunto secreto. Sobre todo teniendo en cuenta que dormía en pantalones cortos y calcetines, y no parecía que su piel fuera de mentira. Más bien parecía hiperreal, blanca, con lunares pequeñitos estratégicamente colocados, y suave como si fuera aun de niña.
En realidad ya no era una niña, hacía tiempo que dejó de serlo aunque engañara a simple vista. Tenia cara de pájaro y las mejillas se le sonrojaban con el frío. La nariz pequeña y las rodillas huesudas. Cuando era niña sus rodillas siempre estaban llenas de moratones, violáceos o grises, dependiendo del día y de su color. Un día que ya casi no recuerda, saltó desde una tapia y quiso volar. Sin duda desde ese día ya podía leerse su futuro de pájaro o de locura. Seguramente solo ganó un moratón más para añadir a la larga lista.
Se llamaba Nikon y a veces hacía gala de su nombre y parecía una cámara de fotos, una vieja y llena de polvo, de esas en las que en su interior puede oírse la maquinaria removerse y repiquetear, pero aun así funcionaba más o menos bien.

Continuará, porque a veces las personas se hacen pasar por espantapájaros sin paja…

lunes 10 de diciembre de 2007

días extraños: de frío y fiebre

Hay días que ya de por si son extraños. Te levantas un día, miras por la ventana. Hace sol y pasa un avión. Y piensas: hoy va a ser un gran día. El día trascurre como si nada extraño ocurriera, a pesar de que la extrañeza se huele hasta en la lengua. Y sorprendente pasa algo precioso y pequeño. Y piensas que seguro ha sido el avión. Y los siguientes días ves miles de aviones surcando las nubes con la estela blanca. Los hay que van hacia arriba, otros rectos. La mayoría se ven pequeñísimos desde aquí abajo. Con el pesado aire entre ellos y nosotros, interrumpiéndonos la vista a ambos.
Todos los días pasan aviones, pero estos son especiales, porque los descubro aun cuando el cielo se llena de niebla y frío.
Desde entonces los días se me han vuelto menos fríos, algo menos inhóspitos que de costumbre. Octubre ya se fue aunque aun quede su recuerdo. Ya se fue y el otoño sigue, y las hojas caen cubriendo el suelo con las hojas secas, y parece que este lloviendo en verde.
Hoy suena Manta Ray: una canción de amor bajo la lluvia. El frío entra por la ventana, se choca con el duro cristal para resguardarse de si mismo, de sus propios cuchillos punzantes.

lunes 12 de noviembre de 2007

Nikon (Prólogo)

La noche parece querer esconderse tras la luna, la teme y se asusta, tras su redondez amarilla y opaca. Los grillos sueñan con lo que sea que sueñen los grillos a estas horas, en la duermevela de las niñas que duermen a oscuras y temerosas del hombre del saco. Los pequeños saltamontes venidos a menos suenan y suenan, y sus grititos retumban en el silencio de la oscuridad de la habitación. Nikon se revuelve entre las sabanas.